miércoles, 21 de febrero de 2018

SEÑALES DEL AMOR DE DIOS


"La multitud seguía juntándose alrededor de Jesús, y él comenzó a decirles:
– La gente de este tiempo es malvada. Pide una señal milagrosa, pero no se le dará otra señal que la de Jonás. Porque así como Jonás fue señal para la gente de Nínive, así también el Hijo del hombre será señal para la gente de este tiempo. En el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, la reina del Sur se levantará y la condenará; porque ella vino de lo más lejano de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y lo que hay aquí es más que Salomón. También los habitantes de Nínive se levantarán en el día del juicio, cuando se juzgue a la gente de este tiempo, y la condenarán; porque los de Nínive se convirtieron a Dios cuando oyeron el mensaje de Jonás, y lo que hay aquí es más que Jonás."

Jonás estuvo en el vientre del pez tres días. Sale para que los ninivitas se conviertan.
La señal de Jesús es su muerte y Resurrección y una salvación que es para todos. Él es la "señal".
Buscamos señales y no nos damos cuenta de que están a nuestro alrededor. Buscamos cosas espectaculares y las señales de Dios son sencillas. Es el amor que nos rodea. Son aquellas personas que entregan su vida poco a poco, sin hacer ruido, por el bien de los demás. Nosotros mismos podemos ser señales para los otros. Debemos ser "señales" del amor de Dios.  




martes, 20 de febrero de 2018

UN PLAN DE VIDA


"Y al orar no repitas palabras inútilmente, como hacen los paganos, que se imaginan que por su mucha palabrería Dios les hará más caso. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis aun antes de habérselo pedido. Vosotros debéis orar así: 
Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre. 
Venga tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra
así como se hace en el cielo.
Danos hoy el pan que necesitamos. 
Perdónanos nuestras ofensas 
como también nosotros perdonamos
a quienes nos han ofendido.
Y no nos expongas a la tentación, 
sino líbranos del maligno. 
Porque si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, vuestro Padre que está en el cielo os perdonará también a vosotros; pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará el mal que vosotros hacéis."

Jesús nos dice que no quiere palabras cuando recemos y luego nos recita el Padrenuestro. ¿Una contradicción? No. Porque el Padrenuestro no son palabras sino un plan de vida, un proyecto a seguir.
Toda nuestra vida debe santificar el nombre de Padre. Para los judíos el nombre significa toda la persona. Y Jesús llama a Dios Abba, padre. Debemos convencernos de que eso es lo que es para nosotros: un padre.
Debemos emplearnos en que su Reino, ese reino de amor, sea una realidad en esta tierra. Que se haga la voluntad de ese Padre en todas partes. Un voluntad que es que no le falta pan, que no le falte nada a nadie en este mundo. Una voluntad que es perdón, pero que exige de nosotros que perdonemos a los demás. Una voluntad que quiere librarnos del mal. Un mal que debemos combatir en vez de alimentarlo.
El padrenuestro no son meras palabras. Es un verdadero plan de vida.   


lunes, 19 de febrero de 2018

A DIOS POR EL HOMBRE


"Cuando venga el Hijo del hombre rodeado de esplendor y de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán delante de él, y él separará a unos de otros como el pastor separa las ovejas de las cabras. Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Y dirá el Rey a los de su derecha:
- Venid vosotros, los que mi Padre ha bendecido: recibid el reino que se os ha preparado desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me recibisteis, anduve sin ropa y me vestisteis, caí enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y vinisteis a verme.
Entonces los justos preguntarán:
- Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿O cuándo te vimos forastero y te recibimos, o falto de ropa y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?
El Rey les contestará:
- Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicisteis. 
Luego dirá el Rey a los de su izquierda:
- Apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recibisteis, anduve sin ropa y no me vestisteis, caí enfermo y estuve en la cárcel, y no me visitasteis.
Entonces ellos preguntarán:
- Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o falto de ropa, o enfermo o en la cárcel, y no te ayudamos?
El Rey les contestará:
- Os aseguro que todo lo que no hicisteis por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicisteis. Estos irán al castigo eterno, y los justos, a la vida eterna."

Este texto deberíamos leerlo y meditarlo cada día. Nos muestra el verdadero camino que nos lleva a Dios: el hombre, el prójimo.
Nosotros preferimos las ceremonias, los ritos, las oraciones ampulosas, los templos... Jesús nos indicó que a Dios lo encontramos a través del hombre. Que amar a Dios, se hace amando al hombre. Que aquello que hacemos al prójimo, se lo hacemos a Dios.
Si nuestra sociedad a la que llamamos cristiana hubiese seguido este camino, nos encontraríamos con un mundo muy diferente. Un mundo sin odio, sin diferencias, sin injusticias... Pero, es que ver a Dios en el otro no es fácil. Es más sencillo verlo en una estatua, en un templo. Dar lo que tenemos para que el otro no muera de hambre o de frío, es más difícil que dejar unas monedas el domingo en la bandeja. Luchar contra las injusticias cuesta más que mirar hacia otro lado o lamentarse sin hacer nada. 
Por eso Dios recibirá con los brazo abiertos a muchos que ni siquiera creen en Él, y rechazará a los que han pasado su vida hablando de Él, pero olvidando a su prójimo.
Repito. Este texto debemos leerlo y meditarlo cada día...y obrar en consecuencia.    


domingo, 18 de febrero de 2018

EL DESIERTO.


"Después de esto, el Espíritu llevó a Jesús al desierto. Allí vivió durante cuarenta días entre las fieras, y fue puesto a prueba por Satanás; y los ángeles le servían.
Después que metieron a Juan en la cárcel, Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios. Decía:
- Ha llegado el tiempo, y el reino de Dios está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio."

El Espíritu llevó a Jesús al desierto. Allí es puesto a prueba durante cuarenta días. El desierto representa la soledad. Allí habita Satanás. El Espíritu, antes de que empiece su misión, empuja a Jesús a enfrentarse con el mal, la tentación. Todos, antes de seguir nuestro camino, debemos enfrentarnos a la tentación. Debemos conocer el mal, que aparecerá frente a nosotros para desviarnos de nuestra ruta. Pero en el desierto también, como Jesús, encontraremos ángeles que nos servirán. A lo largo de nuestra vida encontraremos personas que nos ayudarán, que nos tenderán una mano en los momentos difíciles. Hay que saber reconocerlos.
Jesús sale del desierto con un mensaje claro: debemos convertirnos y creer en su Palabra.
Este mensaje debe sonar con una fuerza especial en este tiempo de Cuaresma. Es el momento de cambiar, de volvernos hacia Dios, de convertirnos. Es el momento de creer en su Palabra, de aceptar su Evangelio. Es el momento de hacer presente el Reino en este mundo. Un Reino de Amor y de solidaridad. 



sábado, 17 de febrero de 2018

MENSAJE DEL PAPA - CUARESMA 2018

DEJARLO TODO


"Después de esto, Jesús salió y se fijó en uno de los que cobraban impuestos para Roma. Se llamaba Leví y estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos. Jesús le dijo:
– Sígueme.
Entonces Leví se levantó, y dejándolo todo siguió a Jesús.
Más tarde, Leví hizo en su casa una gran fiesta en honor de Jesús; y muchos de los que cobraban impuestos para Roma, junto con otras personas, estaban sentados con ellos a la mesa. Pero los fariseos y los maestros de la ley pertenecientes a este partido comenzaron a criticar a los discípulos de Jesús. Les decían:
– ¿Por qué coméis y bebéis con los cobradores de impuestos y los pecadores? 
Jesús les contestó:
– Los que gozan de buena salud no necesitan médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan a Dios."

Leví, a los ojos de los judíos, era un ser despreciable. Un recaudador corrupto y un traidor que trabajaba para Roma. Sin embargo Jesús, no sólo se acerca a él, sino que lo hace discípulo suyo. Jesús nos enseña, que todos tenemos cabida en el corazón de Jesús. Él es inclusivo y no excluye a nadie. Este es el comentario de Koinonia (Círculo Bíblico Iberoamericano):

"Jesús sigue tocando las puertas de nuestra vocación. Hoy, el llamado es para un pecador, que por su ocupación era excluido y marcado por el desprecio social. La respuesta de Leví es digna de meditación: “dejándolo todo, se levantó y lo siguió”. Dejemos todo lo que nos ata a lo superficial; levantémonos para escuchar mejor la palabra de Jesús; sigamos, sin distracciones, a quien nos llama. Leví no se contenta con seguir al Maestro, lo celebra con una fiesta incluyente, todos pueden sentarse alrededor de Jesús. El acontecimiento debe ser recordado como una enseñanza para todo cristiano, no a la exclusión, sí a la inclusión. Los fariseos y los letrados son discípulos de otra escuela, ni siquiera entran en la casa del pecador, desde afuera critican las prácticas de Jesús. En su respuesta, Jesús ratifica un discipulado que debe ser incluyente y comprometido con los más necesitados. Oremos en esta cuaresma, para que en medio del ruido y las tentaciones del mundo, escuchemos el llamado de Dios y respondamos con decisión como Leví." 




viernes, 16 de febrero de 2018

NUESTRO AYUNO


"Los seguidores de Juan el Bautista se acercaron a Jesús y le preguntaron:
– Nosotros y los fariseos ayunamos con frecuencia: ¿Por qué tus discípulos no ayunan?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden estar tristes los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Pero llegará el momento en que se lleven al novio, y entonces ayunarán."

Para un cristiano, el ayuno es la ausencia del "novio", la ausencia de Jesús. Su presencia es nuestra alegría. Siempre que compartimos, nos entregamos al otro, luchamos por los perseguidos...Jesús está ahí, a nuestro lado. Este es el "ayuno" cristiano.
Cuando el mundo vive a espaldas de Jesús, lo ignora, o, incluso, lo persigue, es cuando nos encontramos con el "ayuno" del sufrimiento, de la violencia, del odio...
Mientras vivamos unidos a Jesús y seamos fieles a su alianza, nuestro ayuno es el de la solidaridad.