lunes, 11 de diciembre de 2017

CURAR Y PERDONAR


"Un día estaba Jesús enseñando, y se habían sentado por allí algunos fariseos  y maestros de la ley venidos de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén. El poder de Dios se manifestaba en Jesús cuando curaba a los enfermos. En esto llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Querían meterlo en la casa y ponerlo delante de Jesús, pero no encontraban por dónde entrar porque había mucha gente; así que subieron al techo, y haciendo un hueco entre las tejas bajaron al enfermo en la camilla, allí en medio de todos, delante de Jesús. Cuando Jesús vio la fe que tenían, le dijo al enfermo:
– Amigo, tus pecados quedan perdonados.
Entonces los maestros de la ley  y los fariseos comenzaron a pensar: “¿Quién es este, que se atreve a decir palabras ofensivas contra Dios? Tan sólo Dios puede perdonar pecados.” 
Pero Jesús, dándose cuenta de lo que estaban pensando, les preguntó:
– ¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados quedan perdonados’ o decir: ‘Levántate y anda’? Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados.
Entonces dijo al paralítico:
– A ti te digo: levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.
Al momento, el paralítico se levantó delante de todos, tomó la camilla en que estaba acostado y se fue a su casa alabando a Dios. Todos se quedaron asombrados y alabaron a Dios, y llenos de miedo dijeron:
–Hoy hemos visto cosas maravillosas."

El evangelio de hoy nos señala varias cosas interesantes.
Primero la importancia que tenemos en la salvación de los demás. Hay mucho paralítico en este mundo, que no puede acercarse a Jesús por sí solo. Hemos de ayudar a los demás a llegar a su encuentro, aunque por medios tan extraños, como agujerear el techo de la casa.
Después que el perdón de Dios es el que nos libera y nos permite volver a caminar. Un perdón que es gratuito. Los fariseos y maestros de la ley se escandalizan, porque no entienden que Jesús pueda perdonar. Para ellos el perdón estaba ligado a unos rituales y a unos sacrificios que ofrecían los sacerdotes. Jesús perdona por la Fe. No exige nada más.  Además deja bien claro, que el perdón y la curación van unidos. El que cura puede perdonar. El que hace "daño" a los demás no puede perdonar los pecados.



CANTO DE ALEGRÍA


"Alégrese el desierto, tierra seca;
llénese de alegría y florezca:
produzca flores como el lirio.
Llénese de gozo y alegría.
Dios lo hará bello como el Líbano,
fértil como el Carmelo y el valle de Sarón. 
Todos verán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
Fortaleced a los débiles,
dad valor a los cansados, 
decid a los tímidos:
“¡Ánimo, no tengáis miedo!
¡Aquí está vuestro Dios para salvaros,
y a vuestros enemigos los castigará como merecen!”
Entonces los ciegos verán
y los sordos oirán;
los lisiados saltarán como corzos
y los mudos gritarán. 
En el desierto, tierra seca,
brotará el agua a torrentes.
El desierto será un lago
y la tierra seca se llenará de manantiales.
Donde ahora viven los chacales,
crecerán cañas y juncos. 
Y habrá allí una calzada
que se llamará “el camino sagrado”. 
Los que no estén purificados
no podrán pasar por él;
los necios no andarán por él. 
Allí no habrá leones
ni se acercarán las fieras.
Por ese camino volverán los redimidos,
los que el Señor ha liberado;
entrarán en Sión con cantos de alegría
y siempre vivirán alegres.
Hallarán felicidad y dicha,
y desaparecerán el llanto y el dolor."

El texto de hoy de Isaías, es un canto de alegría, de optimismo. Describe un mundo ideal. En realidad está describiendo el Reino. Leído a la luz del Nuevo Testamento, nos presenta las consecuencias de la venida de Jesús. La transformación del desierto humano en un vergel.
Pero todo ello depende de que sepamos aceptarle, acogerle. La conversión que nos pedía ayer el Bautista es indispensable para la realización del Reino. Ese mundo ideal y poético que nos ha descrito Isaías, necesita de nuestra colaboración para que se haga real. Mientras nosotros sigamos en una sociedad egoísta, dominada por el dinero y el ansia de poder, que desprecia a los sencillos y que está llena de injusticias, este mundo de Isaías es imposible.
Si somos discípulos de Jesús, debemos luchar para que la sociedad se dé cuenta que debe convertirse, que debe cambiar y aceptar a Jesús. Sólo así podremos caminar por el "camino sagrado" que lleva a la verdadera felicidad. 


domingo, 10 de diciembre de 2017

PREPARAR EL CAMINO


"Principio de la buena noticia de Jesucristo, el Hijo de Dios. 
El profeta Isaías había escrito:
Envío mi mensajero delante de ti
para que te prepare el camino. 
Una voz grita en el desierto:
‘¡Preparad el camino del Señor,
abridle un camino recto!’  
Sucedió que Juan el Bautista se presentó en el desierto bautizando a la gente. Les decía que debían convertirse a Dios y ser bautizados, para que Dios les perdonase sus pecados. De toda la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén salían a oirle. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.
Juan iba vestido de ropa hecha de pelo de camello, que se sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero; y comía langostas y miel del monte. En su proclamación decía:
- Después de mí viene uno más poderoso que yo, que ni siquiera merezco agacharme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu."

Marcos empieza su evangelio citando a Isaías, el pasaje que hemos leído en la primera lectura de la misa. Este años litúrgico (ciclo B), seguiremos principalmente este evangelio. Para muchos exégetas es el primero que se escribió.
Hoy nos presenta la figura de Juan el Bautista como aquél que prepara el camino a Jesús. Estamos en el inicio...y todo empieza en el desierto. Allí es donde Juan predica conversión y purifica con su bautismo. Para convertirnos y purificarnos nos hemos de dirigir al desierto. Debemos despojarnos de todo lo que nos impide llegar a Dios. Juan nos sigue diciendo que debemos preparar el camino al Señor, un camino recto.
En nuestra sociedad, aunque sea en medio de una gran ciudad, hay mucha gente que vive en el desierto. El desierto del sufrimiento, de la soledad, de la enfermedad, de la injusticia, de la pobreza...¿Les preparamos el camino que les saque de ahí y les lleve a Jesús?
Adviento es el tiempo para preparar caminos, allanar obstáculo, quitar barreras. ¿Nos preguntamos hasta qué punto somos culpables de la falta de Fe de la gente? ¿Facilitamos que lo encuentren o somos obstáculo a ello?



sábado, 9 de diciembre de 2017

NUESTRA MISIÓN


"Jesús recorría todos los pueblos y aldeas enseñando en las sinagogas de cada lugar. Anunciaba la buena noticia del reino y curaba toda clase de enfermedades y dolencias.
Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar a los espíritus impuros y para curar toda clase de enfermedades y dolencias.
 Jesús envió a estos doce con las siguientes instrucciones: 
– No os dirijáis a las regiones de los paganos ni entréis en los pueblos de Samaria; id más bien a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca. Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios. Gratis habéis recibido este poder: dadlo gratis."

Jesús recorría el país curando y enseñando. Escogió a los doce y los envió a hacer lo mismo.
Hoy también nos envía a nosotros si queremos ser sus discípulos. Y nuestra misión es clara: curar y enseñar. Jesús da a sus discípulos, no el poder de dominar sino el poder de ayudar, se curar, de limpiar, de mostrar el camino...Anunciar el Reino es luchar por la paz en el mundo, es liberar a las personas de sufrimientos e injusticias. Y todo esto debemos hacerlo sin buscar privilegios. Dios nos lo ha dado todo gratuitamente, así debemos darlo nosotros también. ¿Por que buscamos, entonces, privilegios? 


SABER ESPERAR


"Pueblo de Sión, que vives en Jerusalén: ya no llorarás más. El Señor tendrá compasión de ti al oir que gritas pidiendo ayuda; y apenas te oiga, te responderá. Y aunque el Señor te dé el pan del sufrimiento y el agua de la aflicción, él, que es tu maestro, no se esconderá más. Con tus propios ojos le verás. Y si te desvías a la derecha o a la izquierda, oirás una voz detrás de ti, que te dirá: “Por aquí es el camino, id por aquí.”
El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en la tierra, y la tierra producirá trigo abundante y fértil. Aquel día tu ganado tendrá lugar en abundancia para pastar. Hasta los bueyes y los burros que trabajan en tus campos tendrán para comer el mejor y más exquisito forraje. Cuando llegue el día de la gran matanza y caigan las fortalezas, habrá ríos y torrentes de agua en todas las altas montañas y en las colinas elevadas. El Señor curará y vendará las heridas de su pueblo. Entonces la luna alumbrará como el sol, y la luz del sol será siete veces más brillante, como la luz de siete soles juntos."

El texto de Isaías de hoy es un texto de esperanza. Aunque pasemos grandes tribulaciones, el Señor está con nosotros. Él nos enseñará el camino a seguir. Él curará y vendará nuestras heridas.
Su lluvia caerá sobre nosotros y hará brotar las semillas. Pero, hemos de eliminar de nosotros los "paraguas y chubasqueros" que impiden que su agua nos empape y podamos germinar y dar frutos. Su luz nos iluminará a pesar de todas las dificultades. Hay que saber esperar...
Adviento es el tiempo ideal para que fortifiquemos nuestra esperanza. 



viernes, 8 de diciembre de 2017

MARIA, DON A LA HUMANIDAD


"A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret,
a visitar a una joven virgen llamada María que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David. El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:
– ¡Te saludo, favorecida de Dios! El Señor está contigo.
Cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo:
– María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Ahora vas a quedar encinta: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un gran hombre, al que llamarán Hijo del Dios altísimo: y Dios el Señor lo hará rey, como a su antepasado David,  y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin. 
María preguntó al ángel:
– ¿Cómo podrá suceder esto, si no vivo con ningún hombre? 
El ángel le contestó:
– El Espíritu Santo se posará sobre ti  y el poder del Dios altísimo se posará sobre ti como una nube. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios. También tu parienta Isabel, a pesar de ser anciana, va a tener un hijo; la que decían que no podía tener hijos está encinta desde hace seis meses. Para Dios no hay nada imposible. 
Entonces María dijo:
– Soy la esclava del Señor. ¡Que Dios haga conmigo como me has dicho!
Con esto, el ángel se fue."

Celebramos hoy la festividad de María Inmaculada. Leamos lo que nos dice Koinonía (Servicio Bíblico Iberoamericano) sobre este texto del evangelio de Lucas:
 "Tanto María como José escuchan a los mensajeros de Dios. Hablan con ellos como si hablaran con Dios. El esquema del “anuncio” a María es semejante a los anuncios del Antiguo Testamento relativos a Ismael, Isaac, Sansón y Samuel. Según Lucas, María es la “Hija de Sión”. “Encarnarse” significa que algo espiritual toma carne en una realidad material, de ordinario frágil y aun pecaminosa. La encarnación cristiana indica que Dios asume la condición humana, a saber: Comparte nuestra pobreza y acepta nuestra miseria, para elevarnos a su propia vida. Dios se encarna silenciosamente en el seno de María, mujer sencilla, perteneciente a una aldea desconocida, al otro extremo de Jerusalén y del Templo judío. María es invitada por Dios a estar alegre “en el Salvador”; es la “privilegiada”, la favorecida, la bienaventurada, porque es creyente y está abierta a la voluntad de Dios.
En el evangelio de Lucas, el diálogo con María comienza con la exhortación a estar alegre (v. 28). La alegría es, en la Biblia, una nota característica del cumplimiento de las promesas de Dios. Puesto que María recibe el favor de Dios, la expresión “llena de Gracia” reemplaza espontáneamente su nombre; así el alégrate, María, se transforma en “alégrate, llena de gracia”. El Señor está de su lado: “ella ha encontrado su favor” (v. 30). Todo sucede bajo el amor libre y gratuito de Dios. La fe es el don que inaugura el diálogo; Dios confía en María, y esto, a su vez, la hace confiar en El, la convierte en creyente. No hay razón para el temor, sino mas bien para la entrega (v. 30). El miedo es precisamente lo que se opone a la confianza en Dios. La mirada que el Señor pone en María le pide la fe. Gracias a su respuesta, la joven judía participa en la obra de Dios.
Lo anunciado será obra del Espíritu Santo, la sombra del altísimo la cubrirá (vv. 32 y 35). El don de la encarnación ocurre en la historia, es la síntesis de la fuerza del Espíritu y de la debilidad de María. Su hijo será grande y será llamado “Hijo del Altísimo” (v. 32). La misión de Jesús está marcada por esta responsabilidad, en ella se cumple el gran proyecto salvador de Dios (Ef 1). María es como la nueva Eva (Gen 3,20), nombre que parece significar vida, vitalidad; De ahí la expresión “madre de los vivientes”. Por todo eso, la maternidad de María más que un don personal es un don a toda la humanidad en María. Se trata de un carisma, en el estricto sentido del término, un don que se da a una persona para beneficio de la comunidad. Todo don exige de nosotros una tarea y una responsabilidad. Somos cristianos, formamos una Iglesia en función de otros. De aquellos a los que debemos testimoniar el amor de Dios en toda circunstancia." 



jueves, 7 de diciembre de 2017

LA ROCA DE LA PALABRA


"No todos los que me dicen ‘Señor, Señor’ entrarán en el reino de los cielos, sino solo los que hacen la voluntad de mi Padre celestial. 
Todo el que oye mis palabras y hace caso a lo que digo es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía sus cimientos sobre la roca. Pero todo el que oye mis palabras y no hace caso a lo que digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos, y la casa se derrumbó. ¡Fue un completo desastre!"

Jesús nos dice que debemos construir sobre roca. Esa roca es su Palabra. En la lectura de Isaías hemos visto que el Señor construía una muralla para protegernos. Esa muralla es su Palabra. Y su Palabra es palabra de Amor. Por eso siempre nos conduce hacia los demás. No se trata de decir "Señor, Señor", sino que se trata de cumplir su voluntad. Una voluntad que es la de amar al prójimo. Quien ama de verdad se mantiene firme y no desfallece. Quien se mueve por el dinero o el poder, cae cuando la vida con sus problemas le ataca como la lluvia torrencial, los vendavales y la crecida de las aguas.