jueves, 27 de abril de 2017

PONERSE EN CAMINO


"Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, la criatura se movió en su vientre, y ella quedó llena del Espíritu Santo. Entonces, con voz muy fuerte, dijo Isabel:
– ¡Dios te ha bendecido más que a todas las mujeres, y ha bendecido a tu hijo!  ¿Quién soy yo para que venga a visitarme la madre de mi Señor? Tan pronto como he oído tu saludo, mi hijo se ha movido de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú por haber creído que han de cumplirse las cosas que el Señor te ha dicho!
María dijo:
Mi alma alaba la grandeza del Señor.
Mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador."

Hoy en Catalunya es la festividad de Nuestra Señora de Montserrat. Por eso meditamos este evangelio.
María acaba de decir SÍ a Dios. Se entera de que Isabel está en cinta y corre presurosa a las montañas para asistirla.
María es el modelo de discípulo de Jesús: siempre dispuesta a servir. María, la que guardaba todo en su corazón. La "creyente", que supo abandonarse en los brazos de Dios y aceptar su voluntad. 
Isabel la recibe como madre de su Señor. Y María salta de júbilo entonando el magnífica. Su espíritu se alegra en Dios.
Nosotros, como María, podemos no entender con claridad los acontecimientos de nuestra vida. Pero como ella, debemos confiar, ponernos en camino y esperar en el Señor. Debemos decir sí a su voluntad, convencidos de que no nos abandonará

miércoles, 26 de abril de 2017

SAL Y LUZ


"Jesús dijo:
- Vosotros sois la sal de este mundo. Pero si la sal deja de ser salada, ¿cómo seguirá salando? Ya no sirve para nada, así que se la arroja a la calle y la gente la pisotea.
Vosotros sois la luz de este mundo. Una ciudad situada en lo alto de un monte no puede ocultarse; y una lámpara no se enciende para taparla con alguna vasija, sino que se la pone en alto para que alumbre a todos los que están en la casa. Del mismo modo, procurad que vuestra luz brille delante de la gente, para que, viendo el bien que hacéis, alaben todos a vuestro Padre que está en el cielo."

Jesús no quiere la tibieza ni la oscuridad. La misión del discípulo es dar gusto e iluminar. Una Iglesia que no sabe dar vida a la sociedad no es de Jesús. Como nos dice el Papa Francisco con su gracejo argentino: "hemos de armar lío".
No podemos casarnos con el poder y mirar hacia otro lado ante las injusticias. No podemos sembrar confusión, sino iluminar a la sociedad. No podemos transmitir la Buena Nueva con amargura, tristeza o rutina.
Debemos preguntarnos, hasta qué punto el alejamiento de la gente de Dios, no es culpa de nuestra tibieza y falta de iluminación.
Ser sal y luz. Esta ha de ser nuestra misión.

martes, 25 de abril de 2017

ANUNCIAR: LA MISIÓN DEL DISCÍPULO


"Y les dijo:
- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia. El que crea y sea bautizado, será salvo; pero el que no crea será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas;  cogerán serpientes con las manos; si beben algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán.
Después de hablarles, el Señor Jesús fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
 Los discípulos salieron por todas partes a anunciar el mensaje, y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas."

Hoy leemos el final del evangelio de Marcos. Jesús manda a sus discípulos a anunciar la Buena Nueva por todo el mundo. Los manda a luchar contra el mal. A expulsar demonios en su nombre y a sanar los enfermos.
La misión de los discípulos de Jesús, antes y ahora, no es condenar ni acusar. Cada persona es responsable de sus actos. El discípulo debe anunciar la Salvación, el Amor de Dios para todos los hombres. El discípulo debe defender a los hombres del mal. Luchar contra la injusticia, sin miedo a los enemigos, a los "venenos" y las "serpientes". El discípulo es aquél que ayuda a expulsar los "demonios", el mal del interior de los hombres.
Jesús subió al cielo junto al Padre. Ahora, nosotros, si de verdad somos sus discípulos, debemos ser sus manos en esta tierra; debemos cumplir la misión encomendada.

lunes, 24 de abril de 2017

UNA SOLA VIÑA


"Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador. Si uno de mis sarmientos no da fruto, lo corta; pero si da fruto, lo poda y lo limpia para que dé más. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado.  Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Un sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no está unido a la vid. De igual manera, vosotros no podéis dar fruto si no permanecéis unidos a mí.
Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos. El que permanece unido a mí y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí nada podéis hacer.  El que no permanece unido a mí será echado fuera, y se secará como los sarmientos que se recogen y se queman en el fuego.
Si permanecéis unidos a mí, y si sois fieles a mis enseñanzas, pedid lo que queráis y se os dará. Mi Padre recibe honor cuando vosotros dais mucho fruto y llegáis así a ser verdaderos discípulos míos."

San Jorge fue ayer; pero en Catalunya, como es su patrón y en otros lugares, hoy se sigue la liturgia correspondiente al santo. Por eso puede ser que no coincida el evangelio con el que se ha leído en vuestras misas.
Jesús nos invita a la unidad, a formar parte de una única viña. Él es el tronco de esa viña y nosotros los sarmientos. El fruto que demos depende de que permanezcamos unidos a Él.
La Iglesia de Cristo la formamos todos aquellos que lo seguimos. Nosotros, con nuestro orgullo y nuestra tozudez, hemos creado divisiones artificiales. Jesús nos quiere unido a Él. Y todos los que le seguimos, debemos sentirnos partes de la misma viña. De ello dependerá el fruto que obtengamos. 

domingo, 23 de abril de 2017

CREER SIN VER


"Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo:
– ¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros.
Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió:
– Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.
Tomás, uno de los doce discípulos, al que llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Después le dijeron los otros discípulos:
– Hemos visto al Señor.
Tomás les contestó:
– Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré.
Ocho días después se hallaban los discípulos reunidos de nuevo en una casa, y esta vez también estaba Tomás. Tenían las puertas cerradas, pero Jesús entró, y poniéndose en medio de ellos los saludó diciendo:
– ¡Paz a vosotros!
Luego dijo a Tomás:
– Mete aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado. ¡No seas incrédulo, sino cree!
Tomás exclamó entonces:
– ¡Mi Señor y mi Dios!
Jesús le dijo:
– ¿Crees porque me has visto? ¡Dichosos los que creen sin haber visto!
Jesús hizo otras muchas señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en él."

Jesús se ha aparecido a los discípulos. Falta Tomás. Cuando ellos le dicen que han visto al Señor, él no les cree. Quiere, no sólo verlo con sus propios ojos, sino meter los dedos en sus llagas. Quiere tener la certeza de que es Jesús.
Cuando Jesús se aparezca otra vez le dirá a Tomás que meta sus dedos en las llagas de los clavos y su mano en la lanzada del costado. Y Jesús añade: Dichosos los que creen sin haber visto.
Nosotros somos los seguidores que debemos creer sin ver. Pero en realidad nosotros podemos meter los dedos y la mano en sus llagas. Para ello, hemos de saber que los pobres, los enfermos, los inmigrantes, los abandonados, los perseguidos por la justicia...son las llagas de los clavos y la llaga del costado. Es allí donde hemos de meter nuestros dedos y nuestra mano.
Si realmente tenemos Fe, es sirviendo a los pobres y marginados, que nos encontramos cara a cara con Jesús. Es allí donde debemos reconocerlo. Entonces podremos oir la voz de Jesús que nos dice:
- Dichosos, porque sin verme habéis creído. 



Aunque ponga Ciclo C, es el mismo evangelio del Ciclo A

sábado, 22 de abril de 2017

LA POCA FE DE LOS DISCÍPULOS


"Jesús, después de resucitado, al amanecer el primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios. Ella fue y lo comunicó a los que habían andado con Jesús, que entonces estaban tristes y llorando.  Al oirla decir que Jesús vivía y que ella le había visto, no la creyeron.
Después se apareció Jesús, bajo otra forma, a dos de ellos que caminaban dirigiéndose al campo. Estos fueron y lo comunicaron a los demás, pero tampoco a ellos les creyeron.
Más tarde se apareció Jesús a los once discípulos, mientras estaban sentados a la mesa. Los reprendió por su falta de fe y su terquedad, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo:
- Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia."

Este texto de Marcos es como un resumen de lo que hemos leído durante la semana. Nos habla de la aparición a María Magdalena y a los dos discípulos de Emaús. Lo relevante es que los discípulos no la creyeron a ella ni a los dos discípulos. Aunque Jesús les había anunciado repetidas veces su muerte y resurrección, no lo entendieron. La crucifixión les había dejado sumidos en el fracaso.
Hasta que Jesús se les aparece. Entonces creen. Jesús, aunque los ha reprendido por su falta de Fe, los manda a anunciar el Evangelio, la Buena Nueva, por toda la tierra.
Nuestras dudas; nuestra Fe débil, no es una excusa para que anunciemos la Buena Nueva a nuestro alrededor. Si somos discípulos de Jesús, hemos recibido de Él este encargo y debemos serle fieles.


viernes, 21 de abril de 2017

VENID A COMER

"Después de esto, Jesús se apareció otra vez a sus discípulos, a orillas del lago de Tiberíades. Sucedió de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, al que llamaban el Gemelo, Natanael, que era de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos de Jesús. Simón Pedro les dijo:
– Me voy a pescar.
Ellos contestaron:
– Nosotros también vamos contigo.
Fueron, pues, y subieron a una barca; pero aquella noche no pescaron nada. Cuando comenzaba a amanecer, Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no sabían que fuera él. Jesús les preguntó:
– Muchachos, ¿no habéis pescado nada?
– Nada – le contestaron.
Jesús les dijo:
– Echad la red a la derecha de la barca y pescaréis.
Así lo hicieron, y luego no podían sacar la red por los muchos peces que habían cogido.  Entonces aquel discípulo a quien Jesús quería mucho le dijo a Pedro:
– ¡Es el Señor!
Apenas oyó Simón Pedro que era el Señor, se vistió, porque estaba sin ropa, y se lanzó al agua. Los otros discípulos llegaron a la playa con la barca, arrastrando la red llena de peces, pues estaban a cien metros escasos de la orilla. Al bajar a tierra encontraron un fuego encendido, con un pez encima, y pan. Jesús les dijo:
– Traed algunos peces de los que acabáis de sacar.
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la playa la red llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo:
– Venid a comer.
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó en sus manos el pan y se lo dio; y lo mismo hizo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de haber resucitado."

El capítulo 21 del evangelio de San Juan, parece un añadido, ya que el 20 daba la sensación de ser el último. Es un texto muy rico y su comentario daría para escribir un libro. Nosotros nos fijaremos en algunos aspectos.
Este fragmento empieza en la noche. Símbolo de la oscuridad espiritual, dela falta de Fe. No pescan nada.
La pesca es otro símbolo. Es la misión de la comunidad. Sin Jesús, en la noche, es inútil.
Pedro, como líder, toma la iniciativa de ir a pescar. Los demás apóstoles, el texto cita a siete, que simboliza la totalidad, siguen tras él. Pero no pescan nada.
Al amanecer aparece Jesús, luz del mundo. Y siguiendo su consejo, la pesca es asombrosa. 
El discípulo amado es el que reconoce a Jesús. Sólo el amor nos permite reconocerlo y seguirlo. Sólo el amor nos hace sus verdaderos discípulos.
Y Jesús los invita a comer. Sus frutos se han de mezclar con los nuestros. Lo que nos une es la Eucaristía y esta es compartir. Todos lo reconocen, porque comparte el pan con ellos. Por eso no hace falta que nadie le pregunte quién es. Si nosotros sabemos compartir todo lo que tenemos en la vida, transparentaremos a Jesús. Esa es la mejor predicación. Decir:
- Venid a comer.