martes, 17 de enero de 2017

EL SÁBADO PARA EL HOMBRE


"Un sábado pasaba Jesús entre los sembrados, y sus discípulos, según iban, comenzaron a arrancar espigas. Los fariseos le preguntaron:
– Oye, ¿por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido en sábado?
Él les dijo:
– ¿Nunca habéis leído lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre? Siendo Abiatar sumo sacerdote, David entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados, que solamente a los sacerdotes les estaba permitido comer. Además dio a los que iban con él.
Jesús añadió;
– El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Así que el Hijo del hombre tiene autoridad también sobre el sábado."

Lo peor que puede ocurrirnos es dar más importancia a las normas que al espíritu. Los fariseos estaban muy preocupados por el cumplimiento estricto de cada uno de los mandatos de la ley. Pero el amor está por encima de la ley. Las leyes están hechas para el hombre, no el revés. Si no, seríamos meros esclavos.
El poner las normas, los ritos, las obligaciones, por encima de todo, seca y mata la espiritualidad. Las normas y los ritos tienen como finalidad acercarnos a Dios. Y a Dios nos acercamos a través del los hombres. El servicio, el amor, la entrega, pasan por encima de todas las normas.
Y una lección del evangelio de hoy que no podemos obviar, es que no debemos juzgar la actuación de los demás. No conocemos sus circunstancias. De la misma manera que solemos ser benévolos con nosotros mismos, debemos serlo con los demás. No somos nadie para juzgar.

lunes, 16 de enero de 2017

REZAR SIN PALABRAS


A veces en nuestra oración nos sobran palabras. Pedimos, hablamos, reflexionamos...y nos olvidamos de escuchar. Olvidamos que el estar presente ya es oración. Como una pareja de enamorados que no se dicen nada, pero están bien el uno junto al otro. Como aquella anciana que pasaba tiempo en la iglesia, y cuando el sacerdote le preguntó qué rezaba, ella respondió: nada, yo le miro y el me mira.
Como nos dice la canción de Juan Luis Guerra: tan solo he venido a estar contigo.

VINO NUEVO, ODRES NUEVOS


"En una ocasión estaban ayunando los seguidores de Juan el Bautista y los de los fariseos. Algunas personas fueron a Jesús y le preguntaron:
– Los seguidores de Juan y los de los fariseos ayunan: ¿por qué no ayunan tus discípulos?
Jesús les contestó:
– ¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda mientras el novio está con ellos? Mientras está presente el novio, no pueden ayunar. Pero vendrá el momento en que se lleven al novio; entonces, cuando llegue ese día, ayunarán.
Nadie remienda un vestido viejo con un trozo de tela nueva, porque lo nuevo encoge y tira del vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hace que revienten los odres y que se pierdan tanto el vino como los odres. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos."

Los fariseos se quejan de que los discípulos de Jesús no ayunan. Jesús les dice el por qué. Porque están con Él. 
Jesús les dice que llegan tiempos nuevos con costumbres nuevas. No se trata de eliminar el ayuno, sino de darle un nuevo sentido. Y ese ayuno lo encontramos ya anunciado en el profeta Isaías:
"El ayuno que yo quiero es este: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo y no cerrarte a tu propia carne."
Hoy siguen muriendo niños de hambre. Siguen muriendo de frío gente sin hogar. Se siguen ahogando en el mediterráneo gente que huye de la opresión y la miseria. ¿Creéis que los cristianos hemos entendido este evangelio?¿Recibimos ese vino nuevo de la Palabra y lo encerramos en odres nuevos, o, más bien, seguimos con los odres viejos del legalismo y de mirarnos el ombligo?
Si realmente estamos con Jesús, ya sabemos cuál debe ser nuestro ayuno.

DIOS DEL SILENCIO


A veces nos preguntamos dónde está Dios. Ante las desgracias e injusticias que suceden cada día, esperamos que Dios aparezca y lo solucione todo. Pero Dios no actúa así. Nos preguntamos por qué se hagan estas personas en el Mediterráneo, y no sabemos que es Él, el que se ahoga cada día. Nos preguntamos sobre la pobreza, el hambre, la miseria, y no sabemos ver que es Él el pobre, el hambriento, el hundido en la miseria.
Dios se nos presenta cada día, per no lo sabemos ver. Florentino Ulibarri nos habla de este Dios del silencio en este poema.

"No anuncias la hora de tu llegada
ni pregonas tu presencia
con trompetas, campanas o cañones.
Ya no nos convocas, como antaño,
con signos y prodigios, a ver tu gloria
y cantar tus alabanzas.
No quieres espectáculos.
Te pierdes por calles secundarias,
plazas públicas y mercados de barrio,
donde no hay pedestales ni estatuas.

Tú no eres un dios de aplausos, gritos y vítores.
Eres el Dios de la brisa y el silencio.
Tu llegas al corazón y susurras palabras de vida.
Y, en las encrucijadas, miras y miras.
Te quedas si te aceptamos
y permaneces fuera, esperando, si te rechazamos.
Eres la salvación, pero sólo te ofreces
a los que saben de silencios
y de encuentros en encrucijadas. ¡Tú no nos impones ni tu presencia!

Dios silencio.
Dios encuentro.

(Florentino Ulibarri)

domingo, 15 de enero de 2017

MEDITERRÁNEO



Queremos acoger. Nuestros hijos nos preguntarán por qué no actuamos, por qué miramos a otro lado.

SALVADOR DE TODOS


"Al día siguiente, Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo:
- ¡Mirad, ese es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo! A él me refería yo cuando dije: ‘Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.’ Yo mismo no sabía quién era él, pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel le conozca.
Juan también declaró:
- He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él. Yo aún no sabía quién era él, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo.’ Yo ya le he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios."

Juan, en este texto nos da tres ideas clave.
El Bautista llama a Jesús cordero que quita el pecado del mundo. Lo presenta como una víctima que con su sangre salva al mundo. Sólo con esta idea, llegamos al error de considerar que Dios necesita sangre, la de su Hijo, para salvar al mundo. Dios es un Dios de amor, que envía a su Hijo a salvarnos, a hacerse uno de nosotros para así, hacernos hijos suyos. 
Jesús, además de con su muerte, nos salva bautizándonos con el Espíritu. El Espíritu Santo es el gran olvidado de nuestra espiritualidad. Pero Jesús, en la Última Cena lo promete a sus discípulos. Y la Iglesia, la Comunidad de todos los que siguen a Jesús, nace el día de Pentecostés, con la bajada del Espíritu sobre los apóstoles. La vida pública de Jesús empieza con el Espíritu en el Jordán. La Comunidad cristiana, la Iglesia, empieza con el Espíritu descendiendo sobre los discípulos. El Espíritu que debemos pedir y que debemos seguir si queremos ser verdaderamente cristianos.
Jesús viene a salvarnos a todos. No hay una élite. No existen unos elegidos. Todos somos sus elegidos y Jesús llama a la puerta de todos. A nosotros nos corresponde responder.



sábado, 14 de enero de 2017

¿QUIÉNES SON LOS LLAMADOS?


 "Después fue Jesús otra vez a la orilla del lago. La gente se acercaba a él, y él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, hijo de Alfeo, que estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo:
– Sígueme.
Leví se levantó y le siguió.
Sucedió que Jesús estaba comiendo en casa de Leví, y muchos cobradores de impuestos y otra gente de mala fama estaban también sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Unos maestros de la ley pertenecientes al partido fariseo, al ver que Jesús comía con todos ellos, preguntaron a los discípulos:
– ¿Cómo es que vuestro Maestro come con los cobradores de impuestos y con los pecadores?
Jesús los oyó y les dijo:
– No necesitan médico los que gozan de buena salud, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores."

Hoy Jesús llama a Leví, Mateo, un cobrador de impuestos. Un colaborador de los romanos y un corrupto. No sólo lo llama, sino que come con él y sus amigos también corruptos. Esto escandaliza a los fariseos, a los "buenos". Jesús les responde que Él ha venido a llamar a los pecadores.
Nosotros seguimos dividendo la sociedad entre buenos y malos. Nosotros, evidentemente, nos incluimos entre los buenos y consideramos malos a los que no piensan o no son como nosotros. Este es nuestro error; porque todos somos "malos". Todos necesitamos redención, todos necesitamos que Jesús nos llame y coma con nosotros.
Si hacemos una Iglesia de perfectos, nos equivocamos. La Iglesia es pecadora. Su santidad viene de la santidad de Jesús, no de la nuestra. Nuestra Iglesia ha de tener las puertas abiertas y acoger a todo el que necesita ser curado. Todos estamos llamados a entrar en ella y con más razón los pecadores. Él vino a este mundo y dio su vida por los que necesitamos médico, no por los sanos.