viernes, 24 de marzo de 2017

LOS DOS AMORES


"Uno de los maestros de la ley, que les había oído discutir, se acercó a él y le preguntó:
– ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?
Jesús le contestó:
– El primer mandamiento de todos es: ‘Oye, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor.  Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.’ Y el segundo es: ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ Ningún mandamiento es más importante que estos.
El maestro de la ley dijo:
– Muy bien, Maestro. Es verdad lo que dices: Dios es uno solo y no hay otro fuera de él.  Y amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y que todos los sacrificios que se queman en el altar.
Al ver Jesús que el maestro de la ley había contestado con buen sentido, le dijo:
– No estás lejos del reino de Dios.
Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas."

Dos amores que son uno. El otro día, en el Evangelio, Jesús nos decía que había venido a cumplir hasta el más pequeño detalle de la ley. Hoy nos resume toda la ley en dos mandamientos que son uno. Y es que sólo hay una ley: la ley del amor. Y con el amor se cumplen hasta los más pequeños detalles. Amor a Dios y amor a los hombres, que es un solo amor.
El papa Francisco preguntaba en la homilia del 8 de Enero de 2015:
"Pero, ¿Cómo puedo amar al Dios que no conozco?"
Y respondía:
"Ama al que tienes cerca"
Si no amamos al prójimo no amamos a Dios. Por muchas horas que nos pasemos rezando; por muchas penitencias que hagamos; por muchas ceremonias que celebremos.


jueves, 23 de marzo de 2017

HAY QUE HABLAR


"Jesús estaba expulsando un demonio que había dejado mudo a un hombre. Cuando el demonio salió, el mudo comenzó a hablar. La gente se quedó asombrada,  aunque algunos dijeron:
– Beelzebú, el jefe de los demonios, es quien ha dado a este hombre poder para expulsarlos.
Otros, para tenderle una trampa, le pidieron una señal milagrosa del cielo.  Pero él, que sabía lo que estaban pensando, les dijo:
– Todo país dividido en bandos enemigos se destruye a sí mismo, y sus casas se derrumban una tras otra.  Así también, si Satanás se divide contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su poder? Digo esto porque afirmáis que yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú.  Pues si yo expulso a los demonios por el poder de Beelzebú, ¿quién da a vuestros seguidores el poder para expulsarlos? Por eso, ellos mismos demuestran que estáis equivocados.  Pero si yo expulso a los demonios por el poder de Dios, es que el reino de Dios ya ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado cuida de su casa, lo que guarda en ella está seguro. Pero si otro más fuerte que él llega y le vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte sus bienes como botín.
El que no está conmigo está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama."

Jesús expulsa un demonio mudo. Hoy hay muchos que tenemos un demonio mudo. Somos todos aquellos que nos callamos ante la injusticia. Todos los que nos callamos ante la mentira. Por miedo o comodidad. Preferimos no buscarnos complicaciones y, ante el mal, miramos hacia otro lado. Además, como a Jesús, a los que hablan, los tratamos de ser el diablo. Es el mundo al revés.
Pero Jesús es claro. Para Él no hay medias tintas. O estamos con Él o contra Él. Si queremos recoger, que nuestra vida tenga sentido, debemos ser valientes y "hablar". Tenemos que denunciar; si no, desparramamos.

miércoles, 22 de marzo de 2017

EL ESPÍRITU DE LA LEY


"No penséis que yo he venido a poner fin a la ley de Moisés y a las enseñanzas de los profetas. No he venido a ponerles fin, sino a darles su verdadero sentido.  Porque os aseguro que mientras existan el cielo y la tierra no se le quitará a la ley ni un punto ni una coma, hasta que suceda lo que tenga que suceder.  Por eso, el que quebrante uno de los mandamientos de la ley, aunque sea el más pequeño, y no enseñe a la gente a obedecerlos, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero el que los obedezca y enseñe a otros a hacer lo mismo, será considerado grande en el reino de los cielos."

Este texto se ha asociado erróneamente al elogio del legalismo. Los fariseos cumplían la ley, la letra de la ley, pero olvidaban su espíritu. Jesús les dice a sus discípulos que el verdadero cumplimiento de la ley se base en los pequeños detalles. Estos detalles vienen dados por los dos mandamientos que Él consideró los más importantes: amar a Dios y amar al prójimo. Este amor es el que debe arropar la ley. No se trata, por ejemplo, de no matar, sino de amar al prójimo. El amor debe ser el compañero inseparable de la ley. Y el amor se demuestra en los detalles, en el espíritu de la ley. Por eso debemos enseñar a cumplir la ley amando.  



martes, 21 de marzo de 2017

LAS MATEMÁTICAS DE JESÚS


"Entonces Pedro fue y preguntó a Jesús:
– Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano, si me ofende? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó:
– No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el reino de los cielos se puede comparar a un rey que quiso hacer cuentas con sus funcionarios.  Había comenzado a hacerlas, cuando le llevaron a uno que le debía muchos millones.  Como aquel funcionario no tenía con qué pagar, el rey ordenó que lo vendieran como esclavo, junto con su esposa, sus hijos y todo lo que tenía, a fin de saldar la deuda.  El funcionario cayó de rodillas delante del rey, rogándole: ‘Señor, ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’  El rey tuvo compasión de él, le perdonó la deuda y lo dejó ir en libertad.
Pero al salir, aquel funcionario se encontró con un compañero que le debía una pequeña cantidad. Lo agarró del cuello y lo ahogaba, diciendo: ‘¡Págame lo que me debes!’  El compañero se echó a sus pies, rogándole: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo.’  Pero el otro no quiso, sino que le hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.  Esto disgustó mucho a los demás compañeros, que fueron a contar al rey todo lo sucedido.  El rey entonces le mandó llamar y le dijo: ‘¡Malvado!, yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo rogaste.  Pues también tú debiste tener compasión de tu compañero, del mismo modo que yo tuve compasión de ti.’  Tanto se indignó el rey, que ordenó castigarle hasta que pagara toda la deuda.
Jesús añadió:
– Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano."

Está claro que las matemáticas de Jesús no son las nuestras. 70 x 7 = siempre. A amor infinito. Y Jesús se lo explica a Pedro con una parábola. Muestra cómo el Padre perdona siempre, frente a nuestro egoísmo que no sabe perdonar. Nosotros empleamos la ley del embudo. La parte ancha para nosotros y la estrecha para los demás.
Perdonar no es fácil. Hay que cerrar heridas y siempre quedan cicatrices. Pero es la condición: hemos de perdonar, si queremos ser perdonados. Y podemos añadir un "detalle". Hemos de empezar por perdonarnos a nosotros mismos, si queremos poder perdonar a los otros. Perdonarnos de verdad, no excusarnos. Reconocernos débiles y pecadores. Muchas veces proyectamos nuestros problemas en los demás. Para aceptar y perdonar a los demás, debemos aceptarnos y perdonarnos a nosotros. Debemos tener la seguridad de que Dios nos perdona siempre. Nosotros también debemos hacerlo.

lunes, 20 de marzo de 2017

SABER ESCUCHAR


"Jacob fue padre de José, el marido de María, y ella fue la madre de Jesús, a quien llamamos el Mesías.
El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba comprometida para casarse con José; pero antes de vivir juntos se encontró encinta por el poder del Espíritu Santo.  José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciar públicamente a María, decidió separarse de ella en secreto. Ya había pensado hacerlo así, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo:
- José, descendiente de David, no tengas miedo de tomar a María por esposa, porque el hijo que espera es obra del Espíritu Santo.  María tendrá un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús. Se llamará así porque salvará a su pueblo de sus pecados.
Cuando José despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado, y tomó a María por esposa."

Ayer era la festividad de San José; pero al ser el 3er domingo de Cuaresma, se celebra litúrgicamente hoy.
En el evangelio no tenemos ni una sola palabra de José. Pero sí vemos a alguien que sabe escuchar y luego actúa. Hoy lo encontramos ante el dilema de qué hacer con María. Podía haberla acusado de adulterio y eso hubiera significado la lapidación de María. José, hombre bueno, decide marcharse para salvarla. Sin embargo José sabrá escuchar al ángel y se quedará con María. Como más adelante escuchará al ángel y huirá a Egipto para salvar a Jesús.
¿Sabemos escuchar la Palabra y actuar?¿Sabemos escuchar los signos de los tiempos y actuar? Este es el ejemplo que nos da José.  

domingo, 19 de marzo de 2017

AGUA VIVA

"Llegó así a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob había dado en herencia a su hijo José. Allí estaba el pozo que llamaban de Jacob. Cerca del mediodía, Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Los discípulos habían ido al pueblo a comprar algo de comer. En esto una mujer de Samaria llegó al pozo a sacar agua, y Jesús le pidió:
– Dame un poco de agua.
Pero como los judíos no tienen trato con los samaritanos, la mujer le respondió:
– ¿Cómo tú, que eres judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?
Jesús le contestó:
–Si supieras lo que Dios da y quién es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.
La mujer le dijo:
– Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es muy hondo: ¿de dónde vas a darme agua viva? Nuestro antepasado Jacob nos dejó este pozo, del que él mismo bebía y del que bebían también sus hijos y sus animales. ¿Acaso eres tú más que él?
Jesús le contestó:
– Los que beben de esta agua volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré brotará en él como un manantial de vida eterna.
La mujer le dijo:
– Señor, dame de esa agua, para que no vuelva yo a tener sed ni haya de venir aquí a sacarla.
Jesús le dijo:
– Ve a llamar a tu marido y vuelve acá.
– No tengo marido – contestó ella.
Jesús le dijo:
– Bien dices que no tienes marido,  porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es tu marido. Es cierto lo que has dicho.
Al oir esto, le dijo la mujer:
– Señor, ya veo que eres un profeta.  Nuestros antepasados los samaritanos adoraron a Dios aquí, en este monte, pero vosotros los judíos decís que debemos adorarle en Jerusalén.
Jesús le contestó:
– Créeme, mujer, llega la hora en que adoraréis al Padre sin tener que venir a este monte ni ir a Jerusalén. Vosotros no sabéis a quién adoráis; nosotros, en cambio, sí sabemos a quién adoramos, pues la salvación viene de los judíos.  Pero llega la hora, y es ahora mismo, cuando los que de veras adoran al Padre lo harán conforme al Espíritu de Dios y a la verdad. Pues así quiere el Padre que le adoren los que le adoran.  Dios es Espíritu, y los que le adoran deben hacerlo conforme al Espíritu de Dios y a la verdad.
Dijo la mujer:
– Yo sé que ha de venir el Mesías (es decir, el Cristo) y que cuando venga nos lo explicará todo.
Jesús le dijo:
– El Mesías soy yo, que estoy hablando contigo.
En esto llegaron sus discípulos. Se quedaron sorprendidos al ver a Jesús hablando con una mujer, pero ninguno se atrevió a preguntarle qué quería o de qué hablaba con ella.  La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo a decir a la gente:
– Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Mesías?
Entonces salieron del pueblo y fueron adonde estaba Jesús.  Mientras tanto, los discípulos le rogaban:
– Maestro, come algo.
Pero él les dijo:
– Yo tengo una comida que vosotros no sabéis.
Los discípulos comenzaron a preguntarse uno a otros:
– ¿Será que le han traído algo de comer?
Pero Jesús les dijo:
–Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y terminar su trabajo.  Vosotros decís: ‘Todavía faltan cuatro meses para la siega’, pero yo os digo que os fijéis en los sembrados, pues ya están maduros para la siega.  El que siega recibe su salario, y la cosecha que recoge es para la vida eterna, para que igualmente se alegren el que siembra y el que siega. Porque es cierto lo que dice el refrán: ‘Uno es el que siembra y otro el que siega.  Yo os envié a segar lo que vosotros no habíais trabajado. Otros fueron los que trabajaron, y vosotros os beneficiáis de su trabajo.
Muchos de los que vivían en aquel pueblo de Samaria creyeron en Jesús por las palabras de la mujer, que aseguraba: “Me ha dicho todo lo que he hecho.”
Así que los samaritanos, cuando llegaron adonde estaba Jesús, le rogaron que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días,  y muchos más fueron los que creyeron por lo que él mismo decía. Por eso dijeron a la mujer:
– Ahora ya no creemos solo por lo que tú nos contaste, sino porque nosotros mismos le hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo."

Jesús y la Samaritana están junto al pozo. Ambos tienen sed. El agua que puede ofrecer la Samaritana es agua del pozo de Jacob. Agua corriente, agua del pasado. El agua que ofrece Jesús es agua viva, agua del futuro.
La Samaritana está inmersa en los prejuicios de su tiempo. Es mujer y judía. No entiende que Jesús le pida algo. Como nosotros, ante la petición de Jesús, busca excusas.
Jesús le ofrece otro tipo de agua. Un agua que sacia completamente la sed. Jesús nos ofrece el único Amor que llena de verdad. Que puede hacernos felices.
Nosotros, como la mujer, no entendemos cuál es ese agua, ese amor. Pero Jesús conoce nuestro interior. Como a la Samaritana nos desvela nuestras miserias.
La reacción de la mujer es compartir lo que acana de descubrir: el Mesías. Deja lo suyo, la jarra de agua, y corre rápidamente a advertir a sus conciudadanos. Estos creen por el testimonio de la Samaritana y hacen que Jesús se quede con ellos.
Jesús nos ofrece el agua viva. Un agua que está por encima de las religiones, que es pura espiritualidad: adorar a Dios sin ir al monte ni a Jerualén. Adorarlo en verdad, en el corazón. El nuestro y el de todo hombre. Dios es Espíritu y hay que adorarlo con el espíritu. Es toda nuestra vida la que debemos ofrecerle. No unos instantes, unas oraciones, unos ritos y ceremonias. Dios nos quiere enteros para Él. Es el agua viva que nos ofrece Jesús, la que nos permite esa donación total.




sábado, 18 de marzo de 2017

UN PADRE MISERICORDIOSO


"Todos los que cobraban impuestos para Roma, y otras gentes de mala fama, se acercaban a escuchar a Jesús. Y los fariseos y maestros de la ley le criticaban diciendo:
– Este recibe a los pecadores y come con ellos.
Entonces Jesús les contó esta parábola:
- Un hombre tenía dos hijos.  El más joven le dijo: ‘Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde.’ Y el padre repartió los bienes entre ellos. Pocos días después, el hijo menor vendió su parte y se marchó lejos, a otro país, donde todo lo derrochó viviendo de manera desenfrenada.  Cuando ya no le quedaba nada, vino sobre aquella tierra una época de hambre terrible y él comenzó a pasar necesidad.  Fue a pedirle trabajo a uno del lugar, que le mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y él deseaba llenar el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.  Al fin se puso a pensar: ‘¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras que aquí yo me muero de hambre! Volveré a la casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti,  y ya no merezco llamarme tu hijo: trátame como a uno de tus trabajadores.’  Así que se puso en camino y regresó a casa de su padre.
Todavía estaba lejos, cuando su padre le vio; y sintiendo compasión de él corrió a su encuentro y le recibió con abrazos y besos.  El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti, y ya no merezco llamarme tu hijo.’  Pero el padre ordenó a sus criados: ‘Sacad en seguida las mejores ropas y vestidlo; ponedle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies.  Traed el becerro cebado y matadlo. ¡Vamos a comer y a hacer fiesta,  porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y le hemos encontrado!’ Y comenzaron, pues, a hacer fiesta.
Entre tanto, el hijo mayor se hallaba en el campo. Al regresar, llegando ya cerca de la casa, oyó la música y el baile.  Llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba,  y el criado le contestó: ‘Tu hermano ha vuelto, y tu padre ha mandado matar el becerro cebado, porque ha venido sano y salvo.’ Tanto irritó esto al hermano mayor, que no quería entrar; así que su padre tuvo que salir a rogarle que lo hiciese.  Él respondió a su padre: ‘Tú sabes cuántos años te he servido, sin desobedecerte nunca, y jamás me has dado ni siquiera un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. En cambio, llega ahora este hijo tuyo, que ha malgastado tu dinero con prostitutas, y matas para él el becerro cebado.
El padre le contestó: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo.  Pero ahora debemos hacer fiesta y alegrarnos, porque tu hermano, que estaba muerto, ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado."

Hoy leemos la tercera parábola de esta semana. Son parábolas tan conocidas, que corremos el riesgo de pasar superficialmente sobre ellas.
Esta parábola es muy importante. Nos presenta a Dios, como un Padre misericordioso, no como un juez implacable, como a veces lo consideramos. Un Padre que sale al encuentro del hijo perdido que llega y del hijo mayor que no quiere participar de la alegría del perdón.
El hijo pequeño vuelve, más que por arrepentimiento, por hambre. Pero para el Padre, lo importante es que ha regresado, que está en casa.
El hijo mayor no sabe perdonar y además es envidioso. No comprende el perdón del Padre al mal hijo.
¡Ojo! Los que nos consideramos cristianos "de toda la vida". No sea que llevemos todo el tiempo viviendo en la casa del Padre como empleados y no como hijos. Todos debemos saber acoger y tener los brazos abiertos al que regresa.
Dios es el amor hecho misericordia.